UN ALMA SE SALVA

De repente aparecieron dos ángeles más. Tenían pergaminos en la mano y empezaron a apuntar lo que el hombre decía. Entonces, los diáconos procedieron a presentarle el plan de salvación al hombre ebrio.

Ví que este hombre estaba lleno de pecados. Sin embargo, según los diáconos iban orando con él, uno de los ángeles tocó su corazón y de su pecho salió un humo asqueroso, tan oscuro como una nube de lluvia.

Cuando ví esto, recordé algunas de los pasajes bíblicos que hablan de los pecados viles que salen del corazón:

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas;y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. (Mateo 12:35)

18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y ésto contamina al hombre.

19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. (Mateo 15:18-19)

Según el hombre empezó a orar a Dios con sus manos alzadas, ví cadenas gruesas negras que lo envolvían. Era esclavo de toda clase de pecados, pero en es pecial del vicio del licor y la embriaguez. Un diácono le dijo: “Debes confesar estos pecados a Dios para que Él te perdone y así puedas ser lavado en la sangre del Cordero.”

Según empezó a confesar sus pecados, un ángel lo tocó. Pude ver fuego salir de las manos del ángel. Las cadenas empezaron a romperse y caerse.

Esto le dió una tremenda libertad al hombre, el cual alzó sus manos y alabó al Señor.

Se puso de pie y ví la gloria de Dios caer sobre él. Sé que el Señor hizo que se le pasara la borrachera, por que empezó a gritar alabanzas al Señor.

Entonces, los dos poderosos ángeles se miraron y asintieron con la cabeza. Ellos regresaron volando por el aire hasta donde estábamos y me dijeron: “Ven y mira la gloria de Dios.”

DE NUEVO EN LAS HABITACIONES DE REGISTRO

Viajamos con mucha rapidez de regreso al cielo acompañados por los otros dos ángeles. Después de entrar por la puerta, fuimos hacia el final de una hermosa vereda que parecía hecha de oro. Fuimos trasportados con rapidez hasta una preciosa habitación.

El ángel me dijo: “Ven y mira lo que hacemos aquí.”

El corredor largo en el que nos hallábamos daba a muchas otras habitaciones similares a aquella en la que estábamos entrando. El ángel dijo: “Hay muchos de estos aposentos en el cielo. Éstas se llaman las habitaciones de registro. Observarás lo que se lleva a cabo en estas habitaciones.”

El ángel dijo: “Estamos llegando a la habitación que contiene el nombre del hombre que termina de convertirse en la tierra.”

En esa habitación, ví que los ángeles provenientes de la tierra rápidamente fueron y le entregaron a otro ángel el informe escrito en un pergamino.

Había colocadas escaleras a lo largo de las paredes de la habitación rectangular. Las paredes estaban cubiertas de estantes y todos los libros estaban dentro de ellos. La escena me recordó una biblioteca de la tierra.

Otros ángeles, que cantaban y alababan a Dios, estaban en fila delante de un gran escritorio de aproximadamente ocho pies de largo por cuatro de ancho.

Había una sección cuadrada en el centro del escritorio, la cual estaba recubierta de oro puro. Era muy bonita. Tallada con hojas y frutas.

Se trataba del escritorio más bello que jamás uno podría imaginar. No he visto nunca nada como él, in cluso un cuadro como él, en la tierra. Me sentí sobrecogida por la gloria y majestad de Dios que había en esa habitación.

Habían ángeles que subían y bajaban por las escaleras. Continuamente sacaban libros de los estantes y los devolvían a sus lugares apropiados. Varios ángeles esperaban en la cercanía con informes de otras partes de la tierra.

Observé que algunos de los libros en la pared tenían tonalidades de color diferentes. Entonces ví a dos de los ángeles de la iglesia que estaban en la fila con un libro que había salido del estante. Contenía precisamente el registro del hombre cuyo nuevo nacimiento terminaba yo de presenciar en la tierra.

El ángel que estaba a mi lado me preguntó:

Ves a los dos ángeles del culto de la iglesia?

Sí —le respondí.

Ves el libro que tienen en sus manos?

Sí.

Ese es el libro de registro del hombre que se salvó recientemente. Lo han extraído de los estantes. Ahora deben presentarlo al ángel responsable.

Mi guía me explicó que en cada habitación de registro había un ángel responsable. Todo lo que entra o sale de la habitación pasa ante ese ángel. Y todo se hace con miras a la mayor gloria de Dios.

Me asombré al ver suceder todo esto. El ángel responsable tenía una mitra luminosa que sobrepasa mi capacidad para poder describirla. El tenía una cabellera dorada y una túnica resplandeciente, blanca con mucho oro en ella. Este ángel espléndido tenía unas alas que al abrirse medían aproximadamente doce pies. Se trataba del ángel más hermoso que yo hubiera visto jamás. Ese ángel era el escribano principal de esa habitación.

El ángel responsable me miró e hizo señas de que me le acercara. El poder de Dios me trasladó y llegué con rapidez hasta la diestra del ángel.

Me dijo: “Te ha sido permitido estar aquí a fín de que te podamos mostrar lo que sucede cuando alguien nace de nuevo en la tierra. Se lo tienes que contar a las personas allá.”

¡La maravilla de todo ello me emocionó hasta lo indecible!

MANTENIMIENTO DE REGISTROS

Al mirar delante de mí, las excelsas alabanzas a Dios ascendían por todas partes. Yo podía oír el sonido de campanas, aunque no las podía ver. Ángeles gozosos, sonrientes, magníficos y felices estaban allí con libros en las manos, esperando su turno para hablar con el ángel responsable.

Yo empecé a alabar y a magnificar a Dios de nuevo por su maravilloso poder y sus gloriosos hechos.

Has visto a los dos ángeles delante del escritorio?—me preguntó mi ángel guía.

Sí —respondí—. Estaban presentes cuando ese hombre nació de nuevo.

Sacó un mensaje del pergamino; como si se tratara de un marcador en el libro. No podía ver lo que estaba escrito en el papel o en el pergamino. Entonces el ángel me dijo: “Mira lo que está escrito aquí”, y me lo mostró.

El mensaje había sido escrito en una manera ordenada y bella. Ví el nombre del país, del estado, del condado, de la ciudad y de la iglesia.

El ángel me mostró el nombre del pastor y cuántas personas había en el templo.

Me mostró el orden del culto. El registro entero había sido anotado. Me mostró a las personas que participaron en el servicio de la iglesia y los detalles de la ofrenda que se tomó.

El nombre del hombre cuya salvación yo había visto en la tierra había sido registrado en el papel. El mensaje del evangelio del Señor Jesucristo que se predicó para salvar su alma y el tiempo exacto, hasta el segundo preciso, en el que había nacido de nuevo había sido completamente escrito allí. Grité: “ Gloria a Dios!”

Cuando el recuento escrito llegó al lugar en que el hombre repitió la oración del pecador y recibió a Jesucristo como Señor y Salvador, el ángel miró a los otros dos ángeles mensajeros y les preguntó:

ustedes son testigos de que este hombre nació de nuevo a esta hora?

Sí—respondieron—, somos testigos. Estábamos presentes. Él recibió a Jesucristo como Señor y Salvador. Lo vimos suceder.

El ruido de la gloria, las alabanzas y los gritos que subieron en ese momento fue asombroso. Todo el cielo magnificó a Dios.

Entonces, el ángel escribió algo en el libro que él mantenía y lo cerró. El libro era muy grueso. Y luego me dijo: “Mira detrás de ti.” Ví a muchas personas, santos redimidos, que llevaban vestiduras blancas adornadas esplendorosamente.

LA SANGRE DE JESÚS

Estos santos redimidos del Dios Altísimo entonaban este cántico:

¡Oh, sólo la sangre de Jesús pudo quitar mis pecados! ¡Oh, sólo la sangre de Jesús Me pudo sanar hoy! ¡Oh, sólo la sangre de Jesús

Me pudo limpiar hoy!

He sido redimido

Por la sangre del Cordero.

Según yo observaba, le dieron el libro del hombre a uno de los santos jubilosos.

Página tras página fueron lavadas de los viejos escritos. Levantaban las páginas una a una y yo podía ver que cada página había sido lavada en la sangre de Jesús. No permaneció ninguno de los pecados de esta persona.

Entonces vino a mi mente este pasaje de Isaías:

(Isaías 43:25)

25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

Pensé: “ Dios, qué hermoso es que tu Palabra aún sigue vigente! Los pecados de ese hombre fueron lavados por la sangre del Cordero.”

Según yo miraba, le fue dado el libro a otro ángel. Este ser celestial tenía una cabellera larga y hermosa. El libro fue colocado en una bandeja que el ángel llevaba. Los ángeles se saludaban unos a otros y daban gritos de gloria.

El ángel que me acompañaba me dijo: “Ven y mira la gloria de tu Dios.” Empecé a viajar con él a toda velocidad a lo largo de los corredores del cielo.

 

EL LIBRO DE LA VIDA DEL CORDERO

Me hallé de nuevo ante el trono de Dios. Queridos hermanos, allí se oía el sonido de cuernos y de trompetas. Una nube de gloria, la gloria de Shekinah, iluminaba toda la zona alrededor del trono.

Habían muchos truenos y relámpagos allí. Pude oír una multitud de voces que decían: “Gloria a Dios! ¡Aleluya!”

Contemplé esta poderosa escena. Ví al ángel colocar el libro en el altar de Dios y postrarse. Luego la voz de Dios resonó fuertemente a través del aire; sin embargo entendí cada palabra. Dios dijo: “Otra alma ha sido redimida por la sangre de mi Hijo. Otra persona ha recibido salvación eterna a través de la sangre de mi Hijo.”

¡Sonaron todas las campanas del cielo! ¡Toda la población del cielo gritó! Me postré y comencé a alabar a Dios.

Ví sobre el altar de Dios el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27), y ví una mano salir de esa nube y abrir el libro puesto allí por el ángel. Entonces fue escrito en el libro de la vida del Cordero el nombre del hombre. ¡Gloria a Dios! Hermanos, también nues tros nombres seguramente han sido escritos en el libro de la vida.

Según miraba yo esta poderosa escena, el ángel de Dios me dijo: “Ven y mira la gloria de Dios.” Inmedia tamente fuí de nuevo sacada del cielo a la velocidad de la luz. Conforme acompañaba al ángel, pensé en este pasaje de Isaías:

Y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre.

Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste. (Isaías 45:3-4)

Acerca de la autora

Mary Kathryn Baxter nació en Chattanooga, Tennessee, Estados Unidos. Fue criada en la casa de Dios. Mientras era todavía joven, su madre le enseñó acerca de Jesucristo y su salvación.

Kathryn nació de nuevo a la edad de diecinueve años. Después de haber servido al Señor durante varios años, se apartó por un tiempo. El Espíritu del Señor no la dejó tranquila, y ella regresó y le dio su vida de nuevo a Cristo. Todavía lo sirve fielmente.

A mediados de la década de los sesenta Kathryn se trasladó con su familia a Detroit, Michigan, Estados Unidos, donde vivió durante un tiempo. Más tarde se mudó a Belleville, Michigan, donde empezó a tener vi siones de Dios.

Los ministros, los líderes y los creyentes del Señor hablan muy bien de ella y de su ministerio. En todos sus servicios religiosos se hace hincapié en el movimiento del Espíritu Santo y muchos milagros han tenido lugar en ellos. Los dones del Espíritu Santo con de mostraciones de poder se manifiestan en sus reuniones según es dirigida por el Espíritu de Dios. Ella ama al Señor con todo su corazón, mente, alma y fuerzas y desea por encima de todo ser una ganadora de almas para Jesucristo.

Kathryn está casada con Bili Baxter por más de veintiocho años. Tienen cuatro hijos y seis nietos que la apoyan en el ministerio.

Es en verdad una sierva especializada del Señor. Su llamamiento es específicamente en la esfera de sue ños, visiones y revelaciones. Fue ordenada ministra en 1983 en la Iglesia de Dios del Evangelio Completo en Taylor, Michigan. Ahora asiste a la Iglesia de Dios Na cional en Washington, D.C.

En 1976, mientras residía en Belleville, Jesús se le apareció a ella en forma humana, en sueños, en visiones y en revelaciones. Desde entonces ha recibido muchas visitaciones del Señor.,

Durante esas visitaciones,Él le ha indicado las profundidades, grados, niveles y tormentos de las almas perdidas en el infierno. Ella ha recibido también muchas visiones del cielo, de la gran tribulación, y del fin de los tiempos.

Durante una etapa de su vida, Jesús se le apareció cada noche durante cuarenta días. Le reveló los horro res del infierno y la gloria del cielo. Le dijo que este mensaje era para el mundo entero.

 

Por Katherine Baxter


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